#3729
Javier Plaza
Moderador

Estoy de acuerdo en que es más útil poner el foco en las plataformas y en sus responsabilidad sobre los contenidos que se difunden en España y en otros países europeos. Sin embargo es un hecho que, a menudo, el discurso de odio se sustenta en este tipo de contenidos, a veces muy violentos y relacionados también con la alteración de la narrativa. Por ejemplo, un vídeo de un crimen grabado en Pakistán hace 8 años circula en las redes con el relato de que ha sido grabado en Almería hace dos meses. Nos encontramos al mismo tiempo con un una noticia falsa, un hecho criminal y un uso del mismo para sembrar el odio hacia un colectivo por su religión o etnia.

La cuestión es que las fuerzas y cuerpos de seguridad de los estados, cuando se trata de cuestiones como el terrorismo, sí cuentan con medios y procedimientos para perseguir e investigar contenidos delictivos deslocalizados. Pero los delitos de odio no se perciben aún con la entidad suficiente como para dedicarle los medios y los recursos que se deican a otras cuestiones de seguridad. Y más aún si los delitos de odio a quién están afectando es a comunidades migrantes.

La reflexión que hago es en torno a si podremos avanzar en cambios legislativos y en coordinación internacional para perseguir y atajar los contenidos digitales delictivos que dan cobertura al discurso de odio, se produzcan estos donde se produzcan.