#3764
Ángela Diego Velarde
Participante

Gracias Javier, Cristina, Carolina y demás participantes por las aportaciones. Me resultan interesantes estas iniciativas que comentáis para luchar contra el problema de las fake news. Sin duda, la existencia de estos recursos (RAMA, MDI, etc.), las herramientas jurídico-legales y un control por parte de los estados, así como un mayor compromiso y control por parte de empresas (Facebook, Twitter…) son elementos cruciales.
No obstante, me gustaría añadir que quizá podría hacerse un trabajo preventivo, es decir, tratar de atajar el problema “a priori”, En mi opinión, como estudiante de psicología, las posibles estrategias para luchar contra las fake news como sustento del discurso de odio, podrían pasar por aumentar la percepción de responsabilidad social sobre los propios actos (1) y concienciar a la población de las consecuencias negativas que podría tener la difusión de bulos (2).
En relación a lo primero que comento (1), desde la psicología social, se asume que en el momento en que una persona se encuentra en el anonimato, la sensación de responsabilidad sobre los propios actos se difumina, de modo que se cometen conductas de mayor riesgo (como es la difusión de una fake new que además fomente un discurso de odio). Ahora bien, si se exige acceder a las plataformas digitales (redes sociales, foros de participación abierta, etc.) bajo una identidad verificada, es menos probable que las personas comentan este tipo de actos poco éticos e incluso delictivos, pues se aumenta la percepción de identidad propia y se asume que las responsabilidades recaerían directamente sobre el “nombre y los apellidos” de una persona concreta (y no sobre un pseudónimo o falsa identidad). En resumen, se trata de que las personas, a la hora de publicar/difundir, sean conscientes de que lo están haciendo bajo su verdadera identidad, con las responsabilidades que ello conlleva.
Por otro lado, cuando hablamos de concienciar a la población, nos estamos refiriendo, por ejemplo, a hacer una prevención primaria desde las escuelas, institutos, universidades, etcétera. Es decir, actuar sobre los factores de riesgo, formando a los jóvenes en las posibles consecuencias (a nivel social, judicial…) que puede suponer la difusión de un bulo o fake new.
Con esto nos ahorramos centrar los esfuerzos en eliminar los mensajes una vez han sido difundidos, pues lo que realmente evitamos es que este tipo de noticias lleguen a publicarse.