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Es un tema controvertido, pues no todos somos sensibles al mismo contenido y eso dificulta establecer dónde está el limite del humor, si es que existe. Esto depende en gran medida del contexto en el que se emplea en función del contenido del chiste, p.ej. la sátira sobre corrupción política puede ser algo reivindicativo y aceptado por todos. Sin embargo, si el tema son atentados terroristas que han dejado víctimas por las que aun siguen sufriendo muchas personas, el chiste se acerca más a la humillación y al odio. Las redes facilitan que cualquier usuario se crea en el derecho de utilizar el humor sin filtros sobre cualquier tema, alcanzando límites intolerables y simplificando el uso de una herramienta muy útil para quien sabe emplearla.
Por otro lado, creo que cada uno podemos trabajar de forma individual para detectar y denunciar este tipo de contenidos en las redes sociales que utilizamos diariamente. Por ejemplo, en Instagram o en Twitter, dos de las redes sociales más extendidas y empleadas hoy en día, todo usuario tiene la posibilidad de denunciar cualquier comentario que considere ofensivo, humillante, o dañino para una persona o colectivo. Personalmente, he hecho uso de esta herramienta en múltiples ocasiones, aunque nunca he sabido el resultado de esas denuncias. Posiblemente si todos los usuarios de estas redes fueran conscientes de la gravedad y repercusión de ciertos comentarios, serían más sensibles a esos contenidos y se implicarían a la hora de denunciarlos; favoreciendo así que estos recursos sean más utilizados y lleguen a un resultado.