#3801
Ángela de la Torre
Participante

¡Buenas a todos!
Este tema me parece un acierto total para el momento histórico que estamos viviendo a nivel global. Las conductas de odio están a la orden del día debido a los grupos de ideales controvertidos que están creciendo actualmente. Dentro de esto, las nuevas tecnologías que nos acompañan en este siglo son una herramienta con la que todos contamos para difundir y compartir cualquier tipo de información u opinión, incluidos aquellos que no lo hacen de forma adecuada.
Aunque todo el contenido de la web tiene repercusiones, me centraré en las no deseadas para ambas partes: quienes vierten opiniones inadecuadas y no tolerables sobre cualquier tema, y quienes reciben y se ven afectados por ellas. En este último caso, la tipología del daño puede convertir al afectado en una víctima de un delito de odio, por no hablar de las consecuencias psicológicas inmediatas y a corto plazo si recibe una gran cantidad de interacciones cibernéticas sobre ese fenómeno que le causa un daño emocional notable.
Las intervenciones en la red permanecen grabadas y al alcance de todos de manera indefinida, lo que implica unas consecuencias en la vida real también para quienes realizar dichos comentarios o participaciones. Normalmente, quienes realizan participaciones controvertidas, provocando daño en grupos u otras comunidades comparten características como: en nombre de una asociación y grupo de personas –como los partidos políticos, grupos ideológicos…-, en forma de búsqueda de apoyo a través de la red para validar y fortalecer sus creencias a pesar de ser erróneas e irrespetuosas con según qué colectivos, desahogo de situaciones personales que se generalizan y estigmatizan a los grupos sobre los que se vierten las declaraciones de odio… todos ligados al feedback de los simpatizantes. En definitiva, se suele aludir a la libertad de expresión y la tolerancia para justificar la validez de sus comportamientos en la red, pero esto no hace más que alimentar la idea de la Paradoja de la Tolerancia, la cual concluye que no podemos tolerar cualquier comportamiento porque no todo puede ser aceptado en una sociedad democrática como la española.
Para atajar este problema, a pesar del problema que supone el estado de globalización y la falta de límites de la red, es importante que la sociedad sea consciente de que las intervenciones de odio en la red, bajo determinadas circunstancias, pueden materializarse en conductas de agresión física y verbal. Esto supone que la vigilancia es escasa y difícil de imponer, y las consecuencias llegan cuando ya es demasiado tarde para las víctimas de manera que los agresores se sienten bajo un estado de impunidad para actuar mediante bulos, fake news o comentarios que incluyen delitos de odio.
Sabiendo que las medidas administrativas actuales son insuficientes e inexistentes, tal vez se debería apostar por las herramientas inmediatas de educación, sensibilización y responsabilidad social y afectiva entre las nuevas generaciones para que, haciendo uso de los ejemplos que circulan en la red, aprendan a poner límites y tener un comportamiento cívico también en la red. Mientras, es necesario animar a los usuarios a utilizar los métodos de denuncia establecidos y promover intervenciones de mayor peso a nivel estructural y administrativo contando para ellos con equipos interprofesionales que establezcan los límites y sanciones adecuados.
Muchas gracias, un saludo.