#3804
Miguel Gutierrez
Participante

Buenos días a todos,
En primer lugar, respondiendo directamente a la pregunta que abre la discusión, diré que sí, creo firmemente que el discurso de odio que tiene lugar en Internet afecta de manera diferencial en función del género. Esto, desde mi punto de vista, no es algo sorprendente ya que creo que vivimos en una sociedad en la que, en general, se nos tratará de forma diferente si nos etiquetamos como «hombres» o «mujeres».
Partiendo de esto, pienso que resultaría interesante debatir acerca de la naturaleza de esta discrepancia. ¿En qué dirección van estas diferencias? ¿Sabemos cómo es el odio que reciben las mujeres online?
Si nos centramos en aspectos meramente cuantitativos, diré que los hombres reciben una mayor carga de odio por internet. Esto lo creo debido a que, siendo las redes sociales el mayor escenario de injurias y ofensas, el odio se enfocará en mayor medida sobre aquellas personas con cierto reconocimiento social (y pienso, sin una certeza plena, que hoy en día hay un mayor número de hombres en puestos susceptibles del odio).
Sin embargo, en lo que a calidad respecta (tratando de convertir un concepto abstracto y, por ende, complejo en algo tangible y de mejor asimilación) diré que el odio hacia las mujeres que encontramos en Internet tiene un color mucho más intenso y una textura mucho más viscosa.
Comparando tweets dedicados a dirigentes políticos, uno se da cuenta de la cantidad de pigmentos añadidos que dotan de un intenso color a los mensajes enviados a mujeres. Pigmentos con forma de adjetivos (des)calificativos que atacan a la persona, ya no por su condición ideológica, sino por sus características sexuales.
Por otra parte, si nos centramos en la islamofobia, por ejemplo, emerge esta característica viscosa: un odio pringoso que se adhiere a tu piel y te hace sentir mucho peor. Y es que el odio hacia la mujer musulmana no se limita a una esfera social-religiosa en la que el problema se centre en cuestiones de diferencias de grupo o adoración de unas doctrinas consideradas retrógradas o salvajes. El odio hacia la mujer musulmana, además, tacha a la persona de víctima voluntaria, culpando directamente a la persona de mantener y legitimar algo que va incluso en contra de ella.
Por último, y a modo de conclusión, quiero subrayar la importancia de la realización de estudios empíricos que ayuden a esclarecer este tipo de discusiones de un modo fiable y riguroso.