#3816
Yolanda Gil
Participante

Parto de la idea de que el humor puede llegar a ser un arma muy poderosa. Un arma que considere desmontar a aquella persona o colectivo al que se dirige. ¿Qué ocurre cuando se utiliza el humor repetidamente de manera unidireccional? Partiendo siempre desde un estatus de poder y dirigiéndose hacia los estratos vulnerables… No sería más que una nueva demostración de poder, afianzándolo, haciéndolo más fuerte. Esto podría llegar a ser ciertamente peligroso y fomentar el odio a estos colectivos en todos aquellos que los rían. Además, ¿significa esto que cuando somos partícipes de este tipo de humor, dejamos ver una fina capa de lo que posiblemente sea un pesado manto de odio interiorizado? Nos pone nerviosos sólo pensarlo. Ciertamente considerar la posibilidad de que seamos racistas, machistas, homófobos… choque de frente con la imagen que tenemos sobre nosotros mismos. Y eso nos pone asusta… ¿quizás lo suficiente como para necesitar liberar tensiones mediante la risa?

Por otro parte, podemos darle una vuelta a esta idea y considerar el lado irónico del que tanto hablan los defensores del llamado “humor negro”. Hablan de la condición necesaria de saber que el centro de este tipo de humor está mal. Por ejemplo, que de manera indispensable consideremos la pederastia un acto atroz para poder reír un chiste sobre ello. Sólo cuando se dé este fenómeno el chiste nos resultará gracioso.

Algunos dicen que hacer chistes machistas sólo dicen de ti que eres machista, que si humorizas sobre minorías étnicas, eres racista… y que esto sería como considerar que al escribir sobre la muerte, eres un asesino.

Personalmente y en este momento no voy a dar mi opinión sobre estas cuestiones, pero las expongo por si os llaman a reflexionar.